2016-03-31

Decepción, desconfianza y violencia electoral.


Los electores están decepcionados de sus partidos y gobernantes. En lo que a mí respecta puedo hablar de lo ocurrido en los últimos veinticinco años. Cuando el ex presidente Fujimori cerró el congreso en 1992, más del 80% de peruanos estuvo de acuerdo con tal medida, expresando así su decepción por los partidos tradicionales, a los diputados y senadores de aquel entonces. Sin embargo, luego de tal apoyo y de haberlo reelegido; hoy, las dos terceras partes del Perú rechaza al fujimorismo. El ex presidente Toledo, elegido en el 2001 y que postula en estas elecciones, también perdió el respaldo que tenía, y hoy no cuenta ni con el 2% de intención de voto. De igual manera el ex presidente García, elegido en el 2006 y también candidato en este proceso electoral, alcanza sólo un 6% en las encuestas. Lo mismo sucede con nuestro actual presidente Ollanta Humala y su Partido Nacionalista Peruano quienes tuvieron que retirar a su candidato por el escaso apoyo que le daba la población. Lo que nos demuestra que - sin importar la postura política - el pueblo peruano está decepcionado de todos los presidentes y partidos que nos gobernaron en los últimos años.

Esta decepción continua y agobiante se comprueba en una desconfianza generalizada. Ya nadie confía en nadie. La expresión más común que se oye es: “todos son corruptos”, “todos son iguales”. Si alguien dijo o hizo algo que parece de dudosa intención, los opositores lo declaran culpable sin esperar más pruebas y muchos asientan con la cabeza. En la práctica ya no es cierto eso que “toda persona es inocente hasta que se demuestre que es culpable”, es más fácil desconfiar y asumir que lo es. Lo trágico es que al pensar así, no nos damos cuenta que transmitimos a las nuevas generaciones nuestra frustración y desesperanza. Ellos tampoco esperarán nada mejor de su país. ¿A dónde llegaremos?

2016-03-18

Una semana para agradacer

Los cristianos tenemos demasiados motivos para recordar con gratitud la vida, muerte y resurrección de Jesucristo. La Semana Santa es un tiempo propicio para esto. Si bien, las enseñanzas de Jesús, sus demandas y su ejemplo deben influenciar toda nuestra vida durante todo el año; en estos días podemos tomarnos un tiempo especial para agradecer recordando por lo menos cuatro hechos:

Primero, Jesús nos trajo la verdad. Él es la revelación de Dios, es su Palabra en forma humana, es La Verdad de Dios. En contraste con la mentira, el engaño, el fraude, Jesús conoce la verdad y es la verdad. Su verdad ilumina nuestros ojos espirituales y nos hace ver quiénes somos realmente, cuál es nuestra precaria condición y cuánto necesitamos de Dios. Jesús declaró tal propósito cuando era juzgado por Poncio Pilato: “…Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad…” Por eso con gratitud nos esforzamos en aprender sus enseñanzas y seguirlas.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...